El réquiem de mi guitarra
A tu estrella lanza sus aullidos
Que, como en un telar los hilos,
Se entrelazan con la negra túnica,
Y una danza macabra narra.
Asomado a la ventana miro
A la noche a su fría y delgada cara
Y ella hiela mi alma con sus alas,
Celosa de que sea tuya mi música,
Y feliz de que no duerma contigo.
Me siento polizón en tu mirada,
y Dios me deshereda por lo que escribo,
por la blasfemia del cruce de caminos,
porque ya no señala el norte mi brújula,
porque es mi vicio ahora el que habla.
En la noche… ladridos.
Perros del demonio me desangran
Y arrinconan a mi cuerpo en una cama,
Dejándolo a merced de lenguas víboras
Tras pactar con el diablo mi destino.
Y aúlla virtuosa mi guitarra,
Aúlla hacia tus oídos.

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