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Diario en el desierto por Geni Rico se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Fragmento

Esos ojos… Esos preciosos ojos…

- La oscuridad que encierran, el silencio de su iris titilante en la sombra, que parece relucir en la más profunda de las muertes. Tus ojos… Que encierran el alma más pura y lasciva, el Ragnarok de una Luna marchita y el Apocalipsis de un Sol decadente.

Se rascó las aletas de la nariz, como nervioso. Sus manos se movían temblorosas y aceleradas de aquí para allá.

- Esos que miran y acarician y besan y aman y odian en un mismo parpadeo. Alguna vez quise navegar en ellos, y echar a pique mi barco, a hachazos contra la quilla para llegar al fondo de tu siniestra penumbra. Pero era más divertido dejarme llevar por las tempestades de tus pestañas… Sí…

Volvió a rascarse la nariz, esta vez con el antebrazo. Con su mano derecha se tocaba al cuello como si mil úlceras crecieran en su yugular.

- Y tu mirada… Tu amada pupila… Tan transparente y tan opaca, tan nítida, tan distante, tan
traslúcida y borrosa. Tan brillante como un espejo… Cómo me gustaba ver tu mundo reflejado en ella.

Movió la cabeza de lado a lado, como intentando desentumecer su cuello.

- Tu mundo... Mi mundo… ¿Mi mundo? Verme reflejado en ella… Mis ojos en tus ojos… Mi cara en tus ojos… Mi cuerpo en tus ojos… Mi mundo… ¿Mi mundo? Si… En tus ojos…

- Mi…

- ¡Hmpf! Mundo…

Cayó hacia atrás, guardando algo en su mano. Lo miró, lo acercó a sus ojos y inhaló fuertemente su aroma.

Se levantó, y miró con desprecio hacia la cama. Sobre ella, el cuerpo de una joven de unos veintiocho años yacía putrefacto enredado en las sábanas.

- No te preocupes por ellos, los guardaré bien… Tú ya no los necesitas.

En su mano, dos ojos de agua caribeña lloraban sangre y miraban a la eternidad a la cara.

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