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Diario en el desierto por Geni Rico se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

jueves, 23 de junio de 2011

A veces

A veces, en momentos de soledad en la cama
no sabes por qué motivo y sin venir a cuento
recuerdas un olor. El olor de ese pelo
que parece que se quedó guardado
en la almohada eternamente.
Ese pelo que brilló a tu lado,
ese al que acercabas la nariz
mientras ella dormía. El que apartabas
en las guerras por ponerse encima.
Y del olor del pelo viene el de la piel,
aquella piel, blanca o morena,
que era la cosa más suave que has tocado nunca
y la que te hizo adicto a su electricidad,
que al tocarla te erizaba el vello del cuerpo.

Aquella piel que se marchó,
que a la luz de la luna llena
era un regalo para tus ojos
y una bendición que encontrarla,
allí, desnuda en tu cama.

Pero todo se olvida cuando te limpias la mano y te pones a dormir.

martes, 26 de abril de 2011

No es más que otro folio en blanco

No es más que otro folio en blanco,
Otro cántaro que no llegará a la fuente
Porque la lechera, como siempre, se quedará durmiendo
Soñando, muerta y despierta,
con un mundo que jamás será suyo.

No es más que otro folio en blanco.
Otro bolígrafo vacío que,
peleando por su último aliento, consigue vomitar
su bilis azul sobre la suela de un zapato
para pasar a su mejor vida de cerbatana preescolar.

No es más que otro folio en blanco.
El vacío brillo del negro que toma sentido
contrastado en el fondo alabastro,
esclavo de las manos de un poeta
que no sabe donde dejó su métrica,
ni su rima,
ni sus clases de lírica encorsetada en endecasílabos,
asonantes, consonantes, mayores y menores…
¿Qué le queda al músico, cuando ya no sabe armonizar?
¿Qué le queda al poeta, cuando ya no sabe ni rimar?
No…
No es más que otro folio en blanco.

domingo, 27 de marzo de 2011

Ciclo

Aire...
Entumecido y viciado
por el humo de los recuerdos.
Pesado y asfixiante,
apaga el más ardiente de los fuegos.

Tierra...
Desde el cielo, inmensa,
infinita y atestada de males.
Desde su rostro, austera,
partículas de polvo que se lleva el aire.

Agua...
La vida. En mi alma
torrente de sombra en ventana abierta.
Llueve en mi almohada
y devuelve el vuelo del fénix a tierra.

Fuego...
Quemadura de hierro
que en mi mente, su nombre guarda.
Y una vez más, como siempre
se ahogarán sus cenizas en la xana del agua.

martes, 1 de marzo de 2011

Deconstrucción de un año

Me sobran Febreros,
Me llueven las primaveras,
No gano pa Noviembres,
en Agosto borro las huellas
que se me atragantaron en la arena.

A más frío más inviernos,
los Diciémbreses se me hacen largos,
los Eneros se me encuestan
y Junio se me queda lejos.

Me guardo tres o cuatro Abriles en una maleta
por si llueve, que me voy de viaje
a coger Octubres rojos, asi que
me wakeas güen September ends,
que no me apetecen más veranos.

De momento voy a dormirme Marzo y a comprarme un otoño,
que lo empiezo comiendo techo porque solo se le ocurre al señor cáncer de Julio
ponerse a escribir a las horas en las que hasta Mayo está durmiendo.

lunes, 21 de febrero de 2011

Autobiografía de un demente

El lector atento y observador habrá notado en más de un escrito
en este blog algunos tintes autobiográficos, algunos reales, otros no.
En este caso y para que no quede la menor duda,
se lo dejo claro desde el mismo título.
Se pueden decir mil cosas cuando se habla con alguien,
pero lo que piensas realmente se te quedará dentro.
Siempre hay una verdad que no le contarías ni a tu madre,
un secreto inconfesable o una realidad dolorosa, que,
por mucha sinceridad que destile tu caracter, nunca saldrá de tu boca.

Y a mí se me quedaron tantas cosas que decir...

Cuántas cosas quería decirte y no te dije, y solo miraba
y buscaba y esquivaba la complicidad en tus ojos, aquella
complicidad que saltaba a la primera de cambio.

Yo no hablaba, yo solo esperaba, te escuchaba,
pensaba en el abrazo que acababa de darte al verte de nuevo,
y añoraba caminar por Madriz cogiéndote la mano,
buscar una cervecería y hablar sirénido o gñapés
y que la gente nos mirase raro,
pensaba en todo lo que habías sido
y en todo lo que eras en ese momento.

Tu hablabas. Y hablabas mucho.
Incluso por momentos me pareció demasiado para ti (y eso que tu eres habladora).
Supongo -porque no me puedo meter en tu cabeza- que querías manejar la conversación,
monotemática y con pocos puntos de inflexión, todos ellos relativos a un tema que, si se me permite, es bastante trivial. Me refiero, suele ser un tema para romper el hielo, no entraña demasiada profundidad -tampoco pretendo decir que carezca de importancia-. Fue una conversación encorsetada y encauzada a no ser demasiado profunda, con miles de temas tabú, bromas tabú y millones de comentarios que se quedaron en nuestras cabezas porque "ya no somos nadie para decirnos nada el uno al otro".

Cuando nos despedimos, miré hacia atrás,
esperando que "balada triste de trompeta" me hubiese dicho una mentira.
Todo indicaba lo contrario, así que me sentí ridículo,
aunque ya es sabido que sin guion nada acaba bien.
Despues intenté vomitar algo en 155 caracteres
y acabé llenando tres mensajes de texto.
No se cuando recibí tu contestación,
pero pedías perdón por haber tardado,
así que supongo que fue tarde.

Pese a todo, creo que el pensamiento que más dolía
-y a la vez que el más absurdo de todos-
era el deseo de que se te cruzase el cable
y aparecieses por Atocha.

Como una vez esribió el sabio:
"si deseas algo, el universo entero conspira para que se cumpla"
y tuvo que darse la puta casualidad que había luna llena.

Así que, compuesto, borracho, magullado y sin cerebro
soporté miradas de catorce horas pensando
"por qué Geni tiene tan mala cara"
sin que ninguna de ellas tuviese el valor de decirlo.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Escribe tu nombre aquí

Los ojos, el espejo del alma.
Una ventana a nuestra mente y a nuestro interior, tan grande que cualquiera puede entrar por ella.
(Cualquiera que sepa trepar, claro)
Pero a la vez tan pequeña que apenas nos damos cuenta si está abierta o cerrada. También están los masoquistas que la dejan abierta a propósito, aunque lo disimulan muy bien.

Pero bueno, a lo que iba:
Esa ventana a nuestro mundo interior está abierta casi siempre, por mucho que no queramos reconocerlo.
Está ahí para que cualquiera en el bus, en el metro, en la discoteca o en mitad de la calle nos mire,
y de repente... ¡hop! tenemos un intruso en nuestra cabeza.

Algunos se cuelan, echan un vistazo y se largan otra vez, como quien hojea libros en una librería a ver si alguno le llama la atención...
Algunos tan solo se asoman al alféizar y echan una mirada furtiva dentro, como buscando la chica en ropa interior...
Otros simplemente pasan de largo, o tienen la cortesía de cerrar la ventana...

Pero otros (en mi opinión los más cabrones) se cuelan con la agilidad del guante blanco hasta la cocina, y como no tienen mejor cosa que hacer empiezan a revolver, a desordenarlo todo, a descolocar la estantería de sentimientos del bajo-cubierta, incluso algunos te tiran abajo todo el cable eléctrico y te dejan a oscuras.
Que digo yo, vaya tontería, ¿no? ¿Para qué querrías dejar a oscuras a alguien?

En fín... Caprichos del destino, a veces ese ladrón (o ladrona, claro) de guante blanco, tiene tanta puntería que te roba lo que más quieres.
No hay que ponerse metafórico, que si me roba el corazón, bla bla bla. No.
Basta que te robe algo que vayas a echar en falta, cualquier cosa (yo que se lo que tendrá la gente en la cabeza, oye).

Y ahí sí que tienes un problema, colega... Porque no te vas a quitar de la cabeza los ojos de esa persona que (en el bus, en el metro, en la discoteca o en mitad de la calle) acaba de cruzar la mirada contigo.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Recuerdos

Cuántas veces pueden anegar tu cabeza,
aparecer de repente con una pequeña chispa
y montar un Pearl Harbour de imágenes
que dinamitan tu cordura,
destrozando en un momento un dia perfecto,
o congelando tu infierno durante un instante.

Dijo alguien una vez que "lo que no te mata, te hace más fuerte",
se le olvidó añadir que lo que te hace más fuerte, te mata poco a poco.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Ay! marinero...

(A los marineros de barra, sean Fitos o no)

Caminaba despacito sin prisa,
con la arena de calzado,
la chaqueta en una manga
y la mirada en unos labios.

En la orilla junto al agua
juguetean sus recuerdos,
mientras tanto, en su memoria,
le hace la guerra a las lágrimas.

Ay! Marinero,
que desdicha de sirena,
con tanto fuego en su pelo
como amor en su cartera,
con tanto carmín en sus labios
como veneno en sus venas,
que con un aleteo de sus ojos
naufragaste entre sus piernas.

Quisiste salir sin rumbo,
a los mares de bar y guerra,
borrando su imagen a botellazos,
y fuiste a dar con la Mariela.

Y de bar en peor acabas,
negociando con ojos rojos
unos ojos tan verdes como tu sueldo,
en noches tan negras como marchitas.

Ay! Marinero,
que desdicha de sirena,
con tanto fuego en su pelo
como amor en su cartera,
con tanto carmín en sus labios
como veneno en sus venas,
que con un aleteo de sus ojos
naufragaste entre sus piernas.

Sigue caminando, marinero,
que llegará el otoño y subirá la marea,
y entre inviernos y primaveras,
volverán veranos de trileros,
de faroles, de recuerdos,
de sirenas.

martes, 31 de agosto de 2010

Pecado

Te quiero con avaricia,
porque quiero ser el dueño de tus sonrisas.

Te quiero con gula,
porque no hay mayor placer que devorarte con los ojos.

Te quiero con pereza,
por cada mañana que no me muevo para no despertarte.

Te quiero con envidia,
por tu saliva, que pasa más tiempo que yo en contacto con tu boca.

Te quiero con soberbia,
por creerme cielo, y tú creerte Luna.

Te quiero con ira,
porque quiero destripar a los kilómetros que me alejan de tu cuello.

Te quiero con lujuria…
y que me lleve el Demonio si no me sobran los motivos.

domingo, 29 de agosto de 2010

tu-yo

Y entonces un día, todo acaba, y la esquina donde tu cabeza
esconde la locura se vuelve loca, y te grita.
Te dice que eres gilipollas, y tu conciencia
le dice “ya lo se, joder, ya lo se”.

Y ves como cuarenta y dos gramos se quedan en la mitad,
aunque te da la sensación que se quedan en nada,
porque sientes que tu alma también se va con ella.

Porque no hay nada más peligroso que una cabeza rota,
un corazón que llora y un alma huérfana de hermana.
Y entonces un día, todo acaba.
Y tienes tal cristo en la cabeza que no sabes
si tu cabeza llora,
si tu corazón se queda huérfano
o si tu alma se rompe en pedazos de corchopan y cerveza.

Y todo el mundo sabe ayudarte,
pero en realidad nadie tiene ni puta idea
porque no saben lo que es tener el alma llorando a moco tendido
ni saben todo lo que aturulla tu cabeza,
y te dicen que salgas, que te diviertas,
que hay más peces en el mar,
porque de todo lo que había en el gallinero,
mataste la gallina de los huevos de oro (manda cojones con la puntería).

Y empiezan a lloverte los “porqués”, y todo el mundo te pregunta,
y tu no sabes que responder porque ni siquiera tú sabes poner orden
en esa esquina de tu cabeza donde se guarda la locura.

Y el camino de la autodestrucción es el que parece más corto,
aunque no tienes ni puta idea de a donde quieres llegar,
que hostias, no tienes ni puta idea de nada, porque todo esto es nuevo para ti.

Y como no estas lo suficientemente jodido con todo lo que ha pasado
te pones a recordar los buenos momentos, a ver si se te olvidan,
y te acaba gustando hasta su forma de lavarse los dientes.

Recuerdas todo, cada minuto, cada segundo de cada secuestro express en tu cama,
recuerdas cada palabra, grito, gemido, lamento y gorgoteo de su garganta,
recuerdas cada caricia, cada bofetón y cada arañazo, y miras tus cicatrices y la sientes contigo en un alarde de sadomasoquismo fetichista.

Recuerdas una y otra vez cada milímetro de su cuerpo porque puedes pintar un mapa de sus lunares de memoria, y parece que para su pelo hay que inventar un color nuevo, porque ningun moreno, ningún castaño, ni ningún rojo brilla con tanta fuerza ni huele tan bien, aunque haya mil personas con ese tinte.

Y cierras los ojos, y ves sus ojos. Y eso sí que te mata,
porque te va directo al alma, y te tiembla el pulso, y se anuda el cerebro,
y te conviertes un zombie sin sentimientos porque todos los que tenías
te los ha robado su ojo izquierdo, ese, el del orzuelo que tanto te gusta.

Y recuerdas su boca, y te arde cada beso que te dio,
hostia puta, te arde la piel entera.
Y reconoces los cinco sabores en ellos,
y algún sabor más que todavía no está inventado.

Y te imaginas su sonrisa mientras leía las poesías que le escribiste,
las tonterías que le soltaste, y sus carcajadas cuando jugabais a sabe dios cuantos juegos inventados en el momento, porque quererse es precioso.

Pero lo más jodido es cuando recuerdas la piel más suave que hayas acariciado nunca…
Y te das cuenta que ese calor no va a volver a volver a latir junto al tuyo nunca más.

Y la locura otra vez se pone a gritarte,
y la cabeza se te desarma por dentro,
y el corazón llora, ya no sabes si de pena o de rabia,
Y cuando te fijas en tu alma
te das cuenta que lleva muerta dos meses y medio.

miércoles, 28 de abril de 2010

fragmento

- Monos. Auténticos monos. Ni tan siquiera me hizo falta reflexionar. Solo echar un simple vistazo a mi alrededor, lo vi. Vi cada clan, cada macho alfa, cada hembra en celo. Lo vi todo, doctor.

- ¿Qué fue lo que vio exactamente, señor Arscroft?

- El puro animalismo de la raza humana. Como psiquiatra, habrá estudiado sobre los comportamientos del ser humano.

- En efecto.

- Y supongo que encontrará similitudes con el comportamiento de otros animales. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos como cualquier ser vivo, si. Pero también emigramos hacia lugares cálidos, cortejamos a la hembra, cuidamos de nuestras crías y demás.

- Así es. A pesar de nuestra psique, seguimos teniendo instintos, al igual que el resto de los animales.

- Si. Ahora cierre los ojos. Imagínese una comunidad de chimpancés de unos trescientos o cuatrocientos miembros. ¿Lo tiene? Bien, ahora imagínese que los chimpancés son capaces de desarrollar una sociedad, aunque esta sea completamente anárquica…

- De hecho, los chimpancés…

- Lo sé, doctor, lo sé. Bien, ahora póngales ropa, y distribúyalos aleatoriamente por una zona de bares de su ciudad. Déles medios para conseguir drogas. Imagínese lo que quiera, sintetizadas, setas, hierba, alcohol… Cualquier cosa que pueda alterar la percepción, o la capacidad cerebral. Una vez hecho esto, déjelos actuar a su libre albedrío, permítales realizar todo tipo de deseo o instinto que atraviese su mente. ¿Qué se imagina, doctor?

- Hm… Es harto difícil de imaginar… Sin embargo, aprecio por donde quiere llevar su razonamiento. Pero tenga en cuenta que el ser humano no es como los chimpancés, posee una psique superior a sus instintos, que es capaz de reprimirlos e incluso anularlos.

- Sin embargo, existen sustancias, legales o no, que nos permiten reprimir la psique y dejar que nuestros instintos fluyan.

- Si… Así es. En un estado cerebral alterado por un estupefaciente, el individuo comienza a comportarse guiado por sus instintos.

- Bien. Doctor… ¿Me está usted dando la razón como a los locos? ¿O de verdad hemos llegado a un acuerdo?

- No, por supuesto que no. Usted tiene gran parte de razón, si no toda.

- De acuerdo… Entonces, por favor, ¿sería usted tan amable de explicarme que demonios hago hablando con un psiquiatra, si mi supuesto delito es haber matado a diez putos chimpancés?

jueves, 4 de febrero de 2010

fragmento

No eres transgresivo. No eres único. No eres rebelde. No eres especial.
Eres Light.

Crees que molas porque llevas un estilo alternativo. Crees que eres “cool” porque te gusta Nirvana y los Guns ‘N’ Roses, llevas unas Converse All Star y te has leído un par de frases de Nietzsche. Cultivas tu materia gris con los monólogos de la Paramount Comedy, porque son “cool”, escribes poesía, ensayos y frases profundas en tu portátil “cool”, conduces tu coche “cool” que contamina más que anda, pero estás en contra del cambio climático y del maltrato animal, porque es “cool”.

Te diré lo que significa tu querido palabro. “Cool” significa templado, más bien fresco, ni frío ni calor. Así que no creas que eres transgresor, porque eres lo más ambiguo que puede haber en el mundo.

Hablando en plata, eres Light. Eres tan Light como el tabaco bajo en nicotina, que mata, pero menos. Tan Light como la cerveza sin alcohol, que emborracha, pero menos. Tan Light como la mantequilla sin grasa, que engorda, pero menos. Tan Light como las misiones humanitarias, que matan, pero menos. Eres un espejismo, una sombra, un don nadie que cree tener una personalidad, y en realidad no sabes más que plagiar y mezclar en tu bizcocho sin calorías modas amariconadas y venidas a menos.

Todos los días desde la caja tonta hacen que te creas único y original. Porque si escuchas rap serás el más guay de tu barrio. Porque la comida con grasa es cosa del pasado. Porque Flirt 7000 te ayuda a ligar de una forma original. Y porque tu encefalograma plano de ignorante televidente no sabe sojuzgar, evaluar y criticar una información que entra por los ojos como la heroína en las venas de tu querido Kurt. Al fin y al cabo, no puedo echarte nada en cara salvo ser un jodido ignorante sin filtro, marioneta de los medios y las modas. Me río en tu puta cara de tu sociedad de la información, de tu comunismo alternativo, de tu coolería y de tu lado sentimental que nadie entiende. De tus fotografías profundas de cigarrillos en el suelo y primeros planos de lágrimas. Me descojono en tu cara de tus inclinaciones suicidas que por desgracia nunca llegarán a revelarse y de esa mirada profunda y entendida cuando ves “la profundidad del amor y el deseo” en un rectángulo rojo al que algún inteligente llamó “arte contemporáneo”. Me río de tu cine alternativo y tu “cine comercial sucks”. Y, por supuesto, de tu puta manía de utilizar palabras de otro idioma para ser más “fresco”.

Eres la versión Light de los Ramones. La versión edulcorada de Mötley Crue o los Pistols. Sigues la filosofía desgrasada de Janis Joplin y el pacifismo destilado de Mahatma Gandhi. ¿Por qué? Porque desde pequeño te han metido en la cabeza que tienes que destacar. Y como no puedes destacar por tus propios méritos, necesitas plagiar, imbuirte en una personalidad que no es la tuya. Y, una pincelada de aquí, otra de allá, forjas tu propia, única, irrepetible e inigualable moda.

Enhorabuena, porque tú y otros trescientos millones de personas en el mundo sois únicos.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

pongamos que hablo de la mar

Coches encallados en cruces
de noche y niebla,
barcos naufragados en alcohol
por las aceras.
Marejadas
entre esquinas y sábanas,
mientras tanto,
el faro de Moncloa observa.

Manos polizonas
en bolsillos forasteros,
piratas de estraperlo
de navaja suelta.

Mares de cristal bajo el asfalto,
espuma blanca en discotecas,
y nubes de tormenta permanente
ocultando las estellas.

Poeta de agua dulce,
que no ves la mar en la arena
en el cruce de caminos,
escota de mar, cielo y tierra.

martes, 22 de septiembre de 2009

fragmento

- ¿Sabes? No suelo dar dos besos a la gente. Tampoco la mano. Como mucho un vago “hola”, o un desganado “hey”. Por eso suelen llamarme “borde”, “prepotente”, o la gente con menos vocabulario “gilipollas”.

- La verdad, no es que me importe mucho, pero me hace gracia. Nadie se plantea un porqué a esa situación. ¿Por qué tengo que estrechar mi zarpa con la tuya, si no te conozco de nada? ¿Por qué tengo que dejar mis gérmenes en tu mejilla, si no te he visto en mi vida? Sinceramente, a veces pienso en sorprenderles con un “perdona, no quiero contagiarte”, así no tendré que escuchar tus futuros comentarios contra mi forma de ser…

- Pero piénsalo. ¿Cuánta gente a la que diste dos besos, o estrechaste la mano, ha aportado algo útil a tu vida? y, aún más divertido… ¿De que sirvieron todas las palabras y pensamientos compartidos con ellas? Eso si es que has tenido suerte y te ha tocado un cerebro algo espabilado, claro.

- La verdad, no se si me resulta más divertido ver la repelencia humana, o como el mundo se va a la mierda. Porque se va, Derek, se va. Al igual que yo, sabes que somos un cáncer, sabes que sobramos en el planeta. Corrígeme si me equivoco. Nosotros nos matamos, y de paso también a Gea. Aunque no hace falta llegar a esos términos tan globales… ¿No crees? A ras de suelo y uno por uno también nos matamos. Y crees que la gente no merece la pena, ¿verdad?

- Pues déjame decirte algo, gilipollas. Ni se te ocurra pensar que te pareces a mi en lo más mínimo, por creerte autodestructivo y misántropo. Si no fuera por ellos, ¿quién alimentaría tu vanidad mórbida? ¿quién te felicitaría por tus trabajos, quién te saludaría como tu mejor amigo? ¿quién te miraría desde tu pecho como deseando volver a follarte? que demonios… ¿quién te llamaría misántropo?

- No te engañes, imbécil, porque eres igual que el resto. Te sientes diferente por odiarles, pero para ser un misántropo hay que empezar por odiarse a uno mismo. Y eso no es nada fácil. ¿Te daría igual que mañana se acabase el mundo? ¿Te daría igual que mañana se extinguiese la raza humana, aun sabiendo que tú serías el primero? Necesitas de ellos como un mosquito necesita la sangre. Porque no eres más que eso, el jodido mosquito que zumba en tu oreja a las tres de la mañana. Deja de llamar la atención, de tocarle los huevos al mundo, trágate tu puta vanidad, y vuelve por aquí. Entonces sí hablaremos de misantropía.

- Ahora vuelve a tu puta cama de hospital, o créeme que no volveré a escribirte.

Aquel joven apagó el cigarro en el suelo y me dio una hostia en la cabeza. Cuando abrí los ojos, una extraña máquina emitía suaves pitidos a mi izquierda, y un hombre de edad avanzada respiraba forzosamente entre una maraña de tubos… De pronto, una enfermera abrió la puerta del hospital.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Fragmento

Esos ojos… Esos preciosos ojos…

- La oscuridad que encierran, el silencio de su iris titilante en la sombra, que parece relucir en la más profunda de las muertes. Tus ojos… Que encierran el alma más pura y lasciva, el Ragnarok de una Luna marchita y el Apocalipsis de un Sol decadente.

Se rascó las aletas de la nariz, como nervioso. Sus manos se movían temblorosas y aceleradas de aquí para allá.

- Esos que miran y acarician y besan y aman y odian en un mismo parpadeo. Alguna vez quise navegar en ellos, y echar a pique mi barco, a hachazos contra la quilla para llegar al fondo de tu siniestra penumbra. Pero era más divertido dejarme llevar por las tempestades de tus pestañas… Sí…

Volvió a rascarse la nariz, esta vez con el antebrazo. Con su mano derecha se tocaba al cuello como si mil úlceras crecieran en su yugular.

- Y tu mirada… Tu amada pupila… Tan transparente y tan opaca, tan nítida, tan distante, tan
traslúcida y borrosa. Tan brillante como un espejo… Cómo me gustaba ver tu mundo reflejado en ella.

Movió la cabeza de lado a lado, como intentando desentumecer su cuello.

- Tu mundo... Mi mundo… ¿Mi mundo? Verme reflejado en ella… Mis ojos en tus ojos… Mi cara en tus ojos… Mi cuerpo en tus ojos… Mi mundo… ¿Mi mundo? Si… En tus ojos…

- Mi…

- ¡Hmpf! Mundo…

Cayó hacia atrás, guardando algo en su mano. Lo miró, lo acercó a sus ojos y inhaló fuertemente su aroma.

Se levantó, y miró con desprecio hacia la cama. Sobre ella, el cuerpo de una joven de unos veintiocho años yacía putrefacto enredado en las sábanas.

- No te preocupes por ellos, los guardaré bien… Tú ya no los necesitas.

En su mano, dos ojos de agua caribeña lloraban sangre y miraban a la eternidad a la cara.

martes, 1 de septiembre de 2009

Fragmento

No le gustaba ir a la playa.

Era uno de esos abrasadores días entre Juilo y Agosto. El sol irradiaba con fuerza a través del toldo del bar. La cerveza, fría como un demonio, goteaba sobre sus vaqueros en cada sorbo, creando lágrimas de plateado brillo en sus muslos. Levantó la botella al cielo, como brindando con dios, y se quedó observando una de aquellas perlas transparentes.

Cómo resbalaba por el casco, lenta y dificultosamente.
Cómo, una vez liberada, caía libre por su universo en miniatura.
Cómo, fugazmente, llegaba al pantalón, y se fundía con la tela.

Le dio un largo beso a la botella para acabarla, y la dejó sobre la mesa. Acarició la húmeda superficie.

- Al menos nosotros siempre tenemos algo bueno cerca.- pensó.

El sol irradiaba con ansia sobre todas aquellas pieles morenas, como un verdugo flagela la espalda de un condenado. Un grupo de niños jugaba a la guerra con pistolas de agua, apenas unos metros más allá. El más mayor apenas rozaría los diez años. El más pequeño de ellos, de unos tres años, se cobijó junto a él, perseguido por otros tres chavales que le sacarían un par de años a los sumo. Sus ojos color miel centellearon a la luz y se cruzaron con los suyos:

- ¡Ayúdeme, señor!-. Derek esbozó una sonrisa, y se giró hacia los perseguidores.

- ¿Dónde vais vosotros tan rápido, eh? ¡Él es mi protegido! ¡Esto es zona de tregua!

- ¿Zona de tregua?, Jo, Danny, siempre haces lo mismo…- Se lamentó uno de ellos. Llevaba un bañador rojo y blanco, con un graffiti en la pernera derecha.

Cuando los invasores se fueron, el pequeño se acercó a la barra, cargó su pistola de agua. Después se acercó a la mesa de Derek y le dio las gracias, al tiempo que sus cuatro pares de párpados se entrecerraban en un malicioso gesto y echaba a correr hacia sus agresores.

Derek aprobó con la cabeza, y volvió a su botella. Gracias a dios, aún estaba medio llena. Tomó otro trago y miró a su alrededor de nuevo. Los niños jugaban mientras sus madres hablaban sobre la boda de algún famoso de Hollywood tumbadas en sus hamacas, una pareja de ancianos paseaba por la orilla del mar, y dos chicos jóvenes jugaban al tenis en la arena mientras una pandilla de chicas se situaba en el lugar exacto al que más veces se les había escapado la pelota. En el agua, una treintena de personas nadaba en el hielo líquido del Atlántico para mitigar el calor.

-No se por qué sigo viniendo aquí…-, pensó.

No, definitivamente, no le gustaba la playa.

Empujó las ruedas de su silla y se dirigió a casa.

jueves, 27 de agosto de 2009

Fragmento

Derek se despertó sobresaltado. Se encontraba en una habitación completamente blanca e impoluta, con una pequeña televisión colgada de la pared frente a él. A su lado, un hombre de unos cincuenta y cinco años respiraba con dificultad a través de un tubo que salía de su boca, mientras una máquina emitía sendos pitidos con una hipnotizante cadencia.

- Vaya, por fin te has despertado, ¡buenos dias!- dijo la enfermera. Vestía de color verde hospital, y su cara reflejaba una mezcla entre alegría y alivio.

- Em… si…- balbuceó Derek mientras intentaba incorporarse – Perdone… ¿Cuánto tiempo llevo aquí?

- El suficiente como para ponerte bien, y dejar de preocuparme. – Los oscuros ojos de la enfermera contrastaban con su melena rubia. – Estuviste dos días inconsciente, pero estable. Y esta mañana parece que empezaste a soñar. ¡Menudo susto me diste! No se que soñarías, pero incluso sufriste alguna que otra convulsión.

- Pero ¿Cómo he llegado aquí? – al incorporarse, un dolor punzante recorrió su cuerpo desde el hombro derecho.

- No sabemos en qué estarás metido, pero un joven te encontró en la calle, en la esquina de Norfolk con la séptima, casi desangrado con una herida de bala en el hombro. Te trasladaron aquí de urgencia en la ambulancia, y parece que hemos conseguido mantenerte con vida. –La cara de la enfermera reflejaba preocupación, a la vez que una gran sonrisa al ver que el joven era capaz de hablar normalmente. Parece que la leve amnesia que sufría no le preocupaba demasiado. – Bueno, te traigo la comida. Se que no es gran cosa, pero ya sabes, la comida de los hospitales deja mucho que desear.

La enfermera le colocó la bandeja de comida sobre una mesita con ruedas y se la acercó. Le hizo una suave caricia en la cabeza y se alejó hacia la puerta.

–Me alegro de que estés bien- exclamó, y salió de la habitación.

-¿No había un sitio mejor para enamorarse que este?- Una anciana voz retumbó en su cabeza.
El viejo le miraba sin mediar palabra, fijamente.

lunes, 10 de agosto de 2009

Fragmento

Otro día más. La misma discoteca, las mismas caras. El mismo baile decrépito. La misma música. Repetitiva. Pum. Pum. Pum.

Miró a su alrededor. Saboreó una vez más aquel veneno líquido que hacían llamar ron. Si el Capitán Morgan hubiese levantado la cabeza, no habría quedado ni un solo tabernero en pie. El olor de la copa inundó su pituitaria, su paladar, su faringe e incluso su recto. Para qué mencionar su sabor.

Miró a su alrededor, una vez recuperado del escalofrío de la cicuta penetrando en su organismo. Cabezas y más cabezas. Ojos y más ojos. Luces, neones y flashes. Todo, un batiburrillo de olores, sabores, sonidos e imágenes que su cerebro se esforzaba por ignorar. Todos juntos, todos uno. Una manada de gente, una masa ingente de carne trémula dispuesta para ser devorada por sí misma. Hombres contra mujeres. La mujer un objeto, una presa que se ofrece, mostrando sus carnes y su contoneo al predador. El hombre, una masa de carne con dos ojos y una polla, dispuesto a fecundar a la hembra aparentemente más fértil.

Y nosotros somos los civilizados. Los racionales. La veda del cuerpo estaba abierta al mejor postor, ya fuese hombre, mujer o caballo, todos deseaban pillar cacho. Ya fuesen guiados por el alcohol o por la quetamina, aquella olla a presión de hormonas estaba a punto de explotar.

Miró a su alrededor. Era Febrero. Martes de Carnaval, para ser exactos. A su izquierda, una chica, en su tiempo libre la mayor feminista de Detroit, ahora una cat woman envuelta en lujurioso cuero en busca de un león de gimnasio al que arañar. A su derecha, un Hulk desteñido, con una camiseta de tirantes a punto de explotar, y cuyas gónadas se intuirían de un tamaño inversamente proporcional a la cantidad de esteroides que circulaban en su sangre. Asco. Puro asco de la raza humana.

Y tú, ese que estás enfrente, eres el diferente. Eres el que no hace lo mismo que la manada, el alternativo, el distinto. Al que no le va el rollo de las discotecas, el único al que sus amigos llaman “colgao”. El loco, el cachondo, el guay, al que no le mola el rollo del ligoteo fácil, de la carnaza, de la mujer como icono sexual, el tolerante, el feminista, el que no baila porque no le mola exhibir su cuerpo, el diferente a la manada, el que es a veces ángel y a veces demonio pero siempre él, el profundo, el que quiere algo más, al que le importa más la mente que el físico…

Si, tú. Sabes tan bien como yo que somos únicos, originales e irrepetibles…
Pero, qué casualidad, que estamos los dos en esta discoteca…

viernes, 7 de agosto de 2009

Fragmento

Caminaba cabizbajo por la treinta y cuatro, sin rumbo. No necesitaba ir a ningún sitio. No llegaba tarde, pero caminaba rápido. Sin destino, sólo hacia donde soplase el viento. Se sentía como una hoja mecida por la brisa del océano, más por su caminar errante que por su sensación de libertad.

Apenas pasaba media hora del mediodía, y la calle era un hervidero de hormigas frenéticas, pululando de aquí para allá a un ritmo vertiginoso. Nadie se paraba a hablar con nadie. Nadie saludaba a nadie. Nadie miraba a nadie.

Nadie…

Caminaba cabizbajo. Solo. Rodeado de una multitud de personas. Solo. Sin nadie que le dirigiese la mirada. Sin nadie que le dirigiese la palabra. Sin nadie a quien agarrar de la mano, sin nadie con quien caminar.

Levantó la vista. Algunos hablaban por el móvil, para concertar algún tipo de cita. Otros, escuchaban música para entretenerse. Otros más allá caminaban mirando al frente, como un radar apuntando la dirección a la que debía dirigirse el cuerpo.

No os engañéis.

No estás concertando una cita, estás escapando de tu soledad.

No estás escuchando música por que te gusta, si no para crear un micromundo dentro de tu cráneo.

No buscas tu destino con la mirada, te absorbes en tus pensamientos.

¿Por qué?

Porque vosotros, al igual que yo, también os sentís solitarios granos de arena en un desierto. Porque no podéis aguantar estar tan solos aun estando rodeados de vuestros semejantes. Porque en vuestra soledad sois incapaces de interrelacionar con vuestro vecino de asiento en el bus, y preferís ocupar el sitio solitario. Porque a lo mejor ese completo desconocido os habla, y dejáis de estar solos.

¿La diferencia?

La diferencia es que vosotros tenéis que evadiros de la soledad. Yo tengo los cojones de cargar con ella.

Bueno, eso… Y además que mi MP3 se ha quedado sin pilas.

martes, 28 de julio de 2009

sin título

Vivo,
echándote de menos.
Vivo,
esperando tus caricias.
Vivo,
recordando cada beso.
Vivo,
en la imagen de tu sorisa.

Muero,
en tus ojos,
en el momento en que se cruzan.

Resucito en un beso,
y vivo en su recuerdo
hasta morir de nuevo
en tus pupilas.